martes, 12 de mayo de 2009

Taconeando



-¿Puedo hacerte alguna que otra foto?- pregunté.

-Sí.-dijo

-Vale, pero… ¿Cómo te llamas?

La mujer se limitó a decirme su nombre. Estaba enfadada. Había tenido una reunión con el grupo de organización de la fábrica. Habían discutido acerca de cómo evitar el cierre de la misma. Unos propusieron soluciones más radicales, otros, más moderadas. No pude presenciar el acto e ignoro cuál era la postura de ella. Pero estaba enfadada y su ira la liberó bailando. Sus zapatos de tacón rojo vivo y la tenue luz que se filtraba por la ventana, embellecían la escena. Era mi momento. Con trípode y cámara en mano, me dispuse a captar la esencia. Parecía muy sencillo, pero sentí cierto reparo. Mi experiencia no es muy amplia en este ámbito y aprovechar sus sentimientos para hacer una foto, me turbaba.

No tardó mucho en dejar de bailar. Muchos de sus compañeros, se acercaban con el propósito de calmarla.

-¿Estás bien?-le preguntaban.

Este fue uno de los primeros días en los que me presenté en la Fábrica de Sombreros, la casa okupa que tengo que retratar en una exposición. Me sentí extraña, me sentí fuera de lugar. De hecho, por aquel entonces, yo todavía era un intruso. Pero, por un instante, presencié algo de lo que más tarde concluiría. Son un grupo, con sus momentos felices y sus momentos difíciles. Pero están unidos y luchan por algo. Luchan por un cobijo.

5 comentarios:

Luna dijo...

Pues me gusta mucho, me deja con ganas de ver mucho mucho más de lo que estás haciendo.
Ese tacón rojo y la mano movida, la luz que realmente es especial, el juego de luces y sombras y todo bien medido, la escalera como punto de fuga, la sombra coincidiendo con la esquina inferior izquierda cuadra la composición.
Después de toda la parrafada técnica, la parte de furia que comentas, es decir, la parte de transmitir sentimientos con esta foto, me parece que no acaba de verse. Quizás porque ella no lo transmitía con el baile o quizás porque su cara y el momento no expresan furia, también creo que la palabra ensayo en la pizarra del fondo y su mirada a los pies, me hace ver un sencillo ensayo. Pero trasmitir con una foto es siempre muy dificil y lo bueno de tu caso es que lo combinas con buena narrativa que ayuda a transportarse al momento de la foto.
¿El logo de la cucaracha...que es?

¿Me ha quedado muy largo y muy pedante, no? ¡¡Hazte un flickr!!

Borja de Diego dijo...

Exacto. Es como cazar un cervatillo. Al inicio del curso, unos compañeros (por esto de tener que hacer unas noticias al respecto) fusilaron con flashes a los invitados de la jornada inaugural, la que presidió el Sierra. Eran malditos paparazzis. A ti te pasa lo contrario. Resulta un gran consuelo. Alivio de luto, que dijo Sabina.

roos_vroom dijo...

Es precisamente el tema que tratamos con Ursula el día de tu cumpleaños. Me parece un debate interesante, porque por mucha turbación que sintiera en ese momento... hice la foto.
Otra de las cosas que también debatiría es hasta que punto los escritores hacen los mismo. Somos voyeurs de la ostia, como dice Vila-Matas.

Luna dijo...

Sentiste turbación pero tenías su consentimiento, para mi la pregunta es dónde está el limite.
Estoy harta de ver robados, la señora en el supermercado, la abuelilla en la puerta de la casa, el chico paseando al perro, el viejecillo de vende garrapiñada en el Triunfo...a mi me parecen practicamente paparazzis, armados con un teleobjetivo, sin interactuar con la gente y escondiendo la cara detrás de la cámara para luego darle un procesado exagerado y subirlo a algún lugar de alojamiento de imágenes.
Lo que tu haces es documentar un lugar y un momento, con consentimiento y con una finalidad. Perfecto.

Borja de Diego dijo...

También me lo he preguntado. Una vez amé a alguien, por ejemplo. ¿Hasta qué punto tengo el derecho de contarlo? Si hay alguien implicado, ¿hasta dónde puedo ser fiel a la realidad? Y eso, cuando es un asunto propio, ¿pero ajeno? Si una vez un amigo...o un desconocido... ¿qué derecho tenemos?